9 de Marzo

Marzo 8, 2008

Imagina una familia, con un padre, una madre y tres hijas con sus respectivas parejas y alguna incluso con su bebé. Imagina dos hijas que toman del brazo a su padre  y se sienten orgullosas de recorrer junto a él los escasos metros que separan la puerta del colegio de la libertad de elección.

 

Hace cuatro años acudimos a la cita electoral como clan de macacos que acude a la llamada de la selva. Y nos deslizamos por los pasillos sin sobre cerrado y con los nervios propios del que sabe que va a hacer algo importante. Porque tanto él  como ella, y me refiero a mis padres, nos inculcaron, hasta que lo aprehendimos, la importancia y la relevancia de nuestro voto.voto.gif Porque es ahí donde está la política y no en el espectáculo en directo que nos ofrecen ellos, los que se hacen llamar políticos. La política, me enseñaron desde pequeña hasta mayor, es ideología, es idiosincrasia y es algo mucho menos frívolo y demagogo que lo que nuestros ojos atisban aún cuando no quieren ver.

 

Durante estos días de flagrante acoso electoral, de vergonzoso gasto de papel y de menoscabo político, recuerdo a mi padre, recuerdo su trémula mano blandiendo su voto hasta dejarlo caer en la urna, orgulloso del irrefutable poder que ostentaba en ese preciso instante, orgulloso de hacerlo y de mostrar su orgullo delante de sus hijas, sus acólitos seres engendros que en estos días lo recuerdan más que nunca, y que por azares o casualidades o simplemente porque así tenía que ser, hacen coincidir sus estados de recuerdo, de honra a aquel que les hizo valorar la importancia de su voto, la complejidad de un sistema electoral y la belleza de la política entendida de una manera muy diferente a la que se nos vende. Esas mismas mujeres ya tenemos una cita para el domingo, juntas lo haremos, como siempre lo hemos hecho.

 

Me repugna y asquea hasta llevarme a la nausea más volitiva la niña de uno, el niño del otro, la barata y exigua información de otras opciones que los medios nos ofrecen, el grito desesperado de esos otros por que se les oiga, (los fantasmas de Amenábar tienen más guión que los grupos electoralistas distintos a quien ya sabemos en la película, espectáculo, teatro o cualquiera de las histriónicas puestas en escena de nuestros queridos payasos electorales)

 

A pesar de todo esto, señoras y señores no sólo eso es democracia. Es algo mucho más valioso de lo que nos muestran determinados mediocres aprendices de artista. Sigo creyendo en ella, porque me educaron para que nunca dejara de hacerlo, pero además, porque, de todos los sistemas gubernamentales conocidos por el hombre en la era industrial, la democracia es, sin duda, el mejor. Entretanto debiéramos ir pensando cómo crear algo nuevo y realmente bueno para todos.

 

¿QUÉ PROPONES?

 

 cartel1.jpg

Besos y orgasmos electorales

Una respuesta a “9 de Marzo”

  1. malena Dijo:

    Cierto, realmente cierto.
    Y lo sé porque te conozco ,ya puedo decir, de casi toda la vida… tú has sido una de esas personas que me han inculcado esa importancia de la que hablas, la que tus progenitores te transmitieron con honra, la de expresarse mediante un papelito empujado suavemente hacia el fondo de una urna transparente.
    Yo no tuve la suerte de aprenderlo tan pronto, los intentos de mi madre no tuvieron, quizá, tanto éxito como debieran (al menos, no al principio) y los de mi padre fueron, simplemente y como casi todo lo que concierne a educación por su parte, insuficientes… aún así, no le culpo, pues de él aprendí que uno se ha de mojar solamente con lo que se conoce de verdad, con aquello de lo que se está convencido y me alegro de que no tomara, la figura totalitaria que intentó en vano en otros aspectos de padre que arrastra a sus nenes con el sobre cerrado por él mismo y delante de sus pasos -pa’ que no se escapen, ataditos y bien ataditos, cual perretes que no saben caminar sin su amo-.
    Resumiendo, que si me alegra el resultado es por tí, por mi tía Paca y por mi prima Irene que, a fin de cuentas, sois las máximas responsables de que un día me parase a pensar, largo y tendido, en la verdadera importancia de sentirse ciudadano útil -habéis creado un verdadero monstruo de Frankstein de la cabezonería izquierdosalibreyrepublicana, oséase, yo-.
    Eternamente gracias.


Escribe un comentario